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Mirada rápida al impacto de los determinantes sociales en políticas alrededor del mundo

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· Social Determinants,Policy,Inequality

El lugar y las condiciones socioeconómicas en que nace una persona terminan jugando un papel importante en su vida; tanto que pueden determinar tanto su expectativa de vida como la calidad de su salud a lo largo de esta.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los determinantes sociales de la salud, que, entre muchos otros, incluyen vivienda segura, seguridad pública, acceso a oportunidades educativas y de empleo, acceso a atención médica, seguridad alimentaria, entre otros, son indicadores no médicos que tienen un papel esencial en la salud mental y física de cualquier individuo.

Además, la OMS explica que factores como la distribución desigual de dinero, poder y recursos a nivel global, nacional y local impactan directamente a las comunidades en su totalidad. En pleno siglo 21 cientos de miles de muertes aún están vinculadas a estas desigualdades: un estudio que midió las muertes de adultos relacionadas con factores sociales mostró que, en el 2000, en los Estados Unidos, alrededor de 245,000 muertes estaban vinculadas a la baja educación, 176,000 a la segregación racial y 119,000 a la desigualdad de ingresos.

¿Cómo los gobiernos están abordando estos problemas? En los Estados Unidos, pasar de un enfoque basado en pagos a un enfoque basado en resultados en la atención médica ha sido clave para abordar los determinantes sociales de la salud y marcar un cambio de ruta hacia la equidad social, económica y de salud. Aunque todavía queda mucho por hacer, el Affordable Care Act, mejor conocido como Obamacare y activo desde 2010, busca reducir los costos de atención médica para las familias con ingresos por debajo del nivel federal de pobreza. Este ha sido un paso fundamental para reducir la dificultad de acceso a servicios médicos en comunidades alrededor de todo el país.

Líderes de todas las regiones del mundo han estado trabajando en iniciativas de atención médica tomando como punto de partida el impacto de los determinantes sociales de la salud. Inglaterra, por ejemplo, integró las recomendaciones de la Comisión de Determinantes Sociales de la Salud (CSDH) en su revisión de Fair Society, Healthy Lives. En este reporte, adaptaron lo siguiente: (a) dar a cada niño el mejor comienzo en la vida, (b) mejorar la educación y el aprendizaje permanente, (c) crear empleos justos, (d) asegurar un ingreso mínimo para un estándar saludable de vida, (e) construir comunidades saludables y sostenibles, y (f) aplicar un enfoque de determinantes sociales destinados a la prevención.

Las acciones basadas en cambios sociales y económicos también han influido en la política de países como Argentina, Chile, Costa Rica, Sri Lanka y Australia. Este último, como describen en su sitio web, promueve “políticas públicas saludables, basadas en el entendimiento de que la salud no es simplemente el producto de atención médica, sino que está influenciada por una amplia gama de determinantes sociales, económicos, políticos, culturales y ambientales de salud". Piden llegar a "respuestas políticas conjuntas", reconociendo así la responsabilidad multisectorial en este tema.

A medida que los efectos de los determinantes sociales de la salud se vuelven más visibles en todo el mundo, una verdad innegable sale a la luz: hay una necesidad urgente de adoptar medidas más amplias e integrales para erradicar las desigualdades sistemáticas y mejorar la salud de la población. Solo así se podrá reducir la brecha dentro de las comunidades vulnerables y crear mejores resultados de salud para las generaciones futuras.

Where a person is born, and the socioeconomic conditions in which they are born to, end up playing a major role in their life – even determining their life expectancy and the quality of their health.

As explained by the World Health Organization (WHO), the social determinants of health, which include safe housing, public safety, access to educational and employment opportunities, access to health care, food security, among others, are non-medical indicators that will play a major role in an individual’s mental and physical health.

Furthermore, the WHO explains that factors like the inequal distribution of money, power and resources at global, national and local levels directly impact communities in their entirety. Hundreds of thousands of deaths are still tied to these inequalities: a study that measured adult deaths related to social factors showed that, 19 years ago, in the United States, around 245,000 deaths were tied to low education, 176,000 to racial segregation, and 119,000 were due to income inequality.

How are governments tackling these issues? In the United States, moving from fee-based to an outcome-based approach in healthcare has been key to address the social determinants of health and shifting towards social, economic, and health equity. The enactment of the Affordable Care Act in 2010 –which, in general, pretends to lower healthcare costs for households with incomes under the federal poverty level – has been a paramount step to reduce the healthcare access gap in communities across the country.

Around the world, leaders have been working on healthcare initiatives taking the impact of social determinants of health as a starting point. England, for example, integrated the recommendations of the Commision of the Social Determinants of Health (CSDH) into their Fair Society, Healthy Lives review. Here, they adapted the following: (a) give every child the best start in life, (b) improve education and life-long learning, (c) create fair employment and jobs, (d) ensure a minimum income for a healthy standard of living, (e) build healthy and sustainable communities, and (f) apply a social determinants’ approach to prevention.

Actions rooted in social and economic changes have influenced policies in countries like Argentina, Chile, Costa Rica, Sri Lanka and Australia. The latter, as described in their website, promotes “healthy public policy, based on the understanding that health is not merely the product of health care activities, but is influenced by a wide range of social, economic, political, cultural and environmental determinants of health” in their Health in All Policies approach. They call for “joined-up policy responses” to recognize multisectoral responsibility.

As proof of the effects of social determinants of health become more visible around the world, an undeniable truth comes to light: there is an urgent need for a broader, more comprehensive take on actions to eradicate systematic inequalities and improve population health. This will help reduce the gap within disadvantaged communities and create better health outcomes for generations to come.

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